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martes, 5 de diciembre de 2006

Trabajo y tedio

En los países civilizados ai todos los hombres son iguales en cuanto al hecho de buscar trabajo para obtener un salario: para todos ellos el trabajo no es sino un medio, no el fin en sí; por eso son poco exigentes al elegir trabajo, el cual sólo les impora por la promesa de ganancia, siempre que ésta sea considerable. Sin embargo, encontramos a unas pocas personas que prefieren morir antes que trabajar a disgusto; son naturalezas que tienden a elegir y difíciles de satisfacer, que no se contentan con una apreciable ganancia, si el trabajo en sí no constituye la ganancia de todas las ganancias. A esta clase de hombres pertenecen los artistas y los contemplativos de todo tipo, viajando o dedic´ñandose a intrigas y aventuras amororsas. Todos éstos quieren el trabajo y la penuria con tal que sté unido al placer, incluyendo el trabajo más duro y penoso si fuera preciso. Por lo demás, muestran una pereza decidida, aunque ésta les acarree pobreza, deshonor y ponga en peligro su salud y su vida. No temen tanto al aburrimiento en cuanto a trabajar a disgusto: incluso necesitan aburrirse mucho si quieren tener éxito en su propio trabajo. Para el pensador, como para todo espíritu sensible, el tedio es esa desagradable "calma chicha" del alma que antecede a la navegación feliz y a efecto: - esto es precisamente lo que las naturalezas más débiles no pueden obtener de sí mismas de ninguna manera. Ahuyentar de sói el tedio por cualquier medio es tan vulgar como el hecho de trabajar a disgusto. Tal vez sea esto lo que distinga a los asiáticos de los europeos, seres más capaces que éstos últimos para estar en profunda calma durante largo tiempo; incluso sus estupefacientes actúan lentamente y exigen pciencia, al contrario de la repugnante rapidez de ese veneno europeo que es el alcohol.


Friedrich Nietzsche - que no probó el bourbon.

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