Vivimos en un país dividido. No por progresistas y conservadores, por capitalistas o socialistas, no por ninguna razón excusable o por lo menos comprensible. Vivimos en un país dividido por el odio, la simpatía hacia un líder, o mejor dicho, la antipatía hacia otro. No tenemos en la boca más que palabras hirientes, no hay argumentos de nobleza o intención, sino más bien el anhelo de que el rival se equivoque, para el regocijo de los miles de manifestantes del orgullo y el desprecio: Los muertos a la cara. ¿Está España preparada para ser una - verdadera - democracia?
Mal gobierno. ¿Peor oposición?
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